lunes, 26 de noviembre de 2007

Me gustaría

No me aclaro. Quizá por eso me quiero bajar del mundo. Este no el mio. Estoy convencida de que hay algún error. A mi me gustaría vivir en un mundo sin luchas, pero no hablo de grandes luchas, ni de guerras, sino de las pequeñas luchas de cada día: con los compañeros, con la familia, con los otros conductores. Me gustaría no tenerme que pelear por el espacio en la calle, por la competencia en el trabajo, por los dimes y diretes de la familia. Que todo fuera sencillo, aburrido incluso. Me gustaría que las cosas fueran naturales, fluidas, que las relaciones estuvieran apoyadas en la buena voluntad y en la tolerancia. Daría lo mismo. En realidad así no llegamos a ningún sitio. ¿Habéis convencido a alguien de vuestro punto de vista en cualquier tema? Seguro que no, cada uno tenemos nuestra idea y no la vamos a cambiar, y si lo hiciéramos, nunca lo reconoceríamos. Las discusiones ni se ganan ni se pierden, solo se mantienen. Y a veces conducen a la distancia del orgullo y la soberbia. Si somos carne y hueso mortal, indefensa, perecederos. ¿Porque perdemos el tiempo de esta manera?

lunes, 19 de noviembre de 2007

Mios, solo mios

Hola amigas proletarias del mundo. Aquí estoy un lunes más con la lucha abierta en un montón de frentes. El espejo, por ejemplo. Mirarme por la mañana, con el pelo mojado y la cara lacia es un poema. Me pinto y mejoro algo. Luego me visto y cuando acecho en el espejo la última visión de mi, antes de salir a la calle, me doy cuenta de que mi cuerpo está vivo y es móvil. Hay algunas zonas de él que se salen del eje, por así decirlo. Bultos que se forman en mi cintura, espalda, muslos... Y que tienen vida propia. Están activos. Cuando me siento a la mesa cogen sus cucharas y tenedores y se quedan con la mejor parte. Enemigos mios de cada día, dejadme hoy comer en paz las galletas mojadas en mi cola cao. Olvidad que no sois carne de liposucción, porque no tengo ni dinero ni ganas de hacérmela. Al fin y a cabo sois mios y mi dinero me habéis costado. Sería una incongruencia pagar ahora para perderos. Pero ya que estáis seguros en mis brazos, podrías esconderos un poquito. Pero no como hacéis normalmente, que os metéis de un sitio y salís por otro. Si me aprieto la cintura, salís por el estómago. Si me ciño el talle, la carne se desborda por encima de la castigadora prenda. Si escondo mi estómago, mis pechos acarician mi garganta. Tocino del cocido, fabada hermosa, alejaros de mi cual tentaciones de la carne. Las judías verdes cuidan del cuerpo y del alma. La lechuga inspira al poeta cuando el hambre aprieta. Hoy a mediodia me enfrentaré a un nuevo episodio de lucha, la voluntad contra los espaguetis. Podéis adivinar quién ganará.

sábado, 17 de noviembre de 2007

No se puede mandar en los sueños

Mi querida Ana, me haces volver sobre Alejandro. Me has dicho que leyendo mi blog se ve que me gusta. Tienes toda la razón, me gusta. Pero además he construido con el unos buenos momentos. No se si serás capaz de entenderlo o si seré capaz de explicarlo. La vida es rutinaria, difícil, y yo siempre he tenido la suerte de poderme evadir, casi a voluntad. Lo hacía en el colegio -así me iba, en vez de escuchar a los profesores montaba en bici con Eddi Merck, o era la novia de un jugador del Madrid-, en los medios de transporte -incluso en mi coche, no hace mucho me tragué una barrera en el parking del Hipercor del Campo de las Naciones-, e incluso en el trabajo. Siempre he construido vidas paralelas a la mía. Hacía tiempo que había olvidado volar de esa manera. La madurez, la falta de tiempo... Pero un día no se lo que pasó. Un compañero me dio dos discos piratas de Alejandro. Ya lo he contado. Y comencé a oírlos en el coche. Y poco a poco me fui interesando por esa voz maravillosa. Ni siquiera sabía ni quién era, ni como era. Un día me metí en internet y encontré todo tipo de información sobre él. Sus fotos no me gustaron al principio -me pasó como con el pulpo-. Tampoco me gustó su estilo personal, ni su vida. Está en las antípodas, también lo he dicho ya, de lo que me gusta de un hombre. Pero le di el beneficio de la duda. No tengo porque creer todo lo que se cuenta de él. Y realmente solo me importa como canta, y que cuando le oigo con el MP3, en mi oído, directamente en mi cabeza, a veces me hace estremecer. Me llega su voz. Y si, me hace soñar con cosas que nunca tendré. Espero que me entiendas. Quizá todas las mujeres me entiendan. Soy una mujer moderna, independiente, y estoy contenta de mi soltería. Vivo estupendamente y solo me aguanto a mi misma. Quiero decir que no me cambiaría por una mujer que dependa de un marido y de unos hijos, esclava de su casa, de una relación que pasa del amor al odio con la sazón del tiempo y la rutina. Pero supongo que mi atavismo me traiciona y a veces no puedo evitar pensar en otra vida. Tener un compañero. Apoyo. No imagino grandes cosas, solamente un vida distinta: un hombre que me quiera de verdad, una vida más llena, un pasado dulce y un futuro con promesas de hacerme vieja con el, compartir los problemas y las alegrías, sentirme abrazada cuando la vida me duela. Estar tan unida a un hombre que yo sea el centro de su vida y el del mio. Y si además, es guapo y tiene dinero, hija mía, no hay color. Por eso he elegido a Alejandro: porque habla suavemente, porque canta bien, porque es tímido en su vida real -¿le has visto hablando ante un micrófono?. Se queda sin palabras-, porque tiene una vida intensa, porque es cariñoso con todo el mundo, agradecido, y porque parece capaz de amar completamente. También bebe, es mujeriego, un poco presumido, caprichoso... Pero todos tenemos defectos. Y una cosa. ¿Sabes que le ha regalado a su novia, trece años más joven que él? Ni joyas, ni casas, ni coches. Le ha regalado unos pechos nuevos. En realidad no se si el regalo ha sido para ella o para el. Pero ves, a esto me refiero. No me gusta la cirugía estética, pero para gustar a un hombre como el, cualquiera se metería en un quirófano. En fin Ana, que todo es una tontería, un sueño de jovencita, de la jovencita que hay dentro de mi, y que siempre estará ahí. Creo que tengo esa suerte. Fíjate si será de jovencita que ni siquiera incluye sexo. No me hace falta, lo que quiero es amor, compañerismo, un sueño imposible en la vida real. No es que no me parezca un bombón -sus fans le han puesto nombre a esa parte de él que no hemos visto nunca, la ¡¡anaconda-!!, es que ¿para que incluir en este sueño inocente aspectos que podrían ser verdaderamente frustrantes?. Y además, tiene una boca, una sonrisa... Bueno, paro ya, que me extiendo y me emociono. Dentro de un tiempo, probablemente, acabaré harta, pues no oigo más que canciones suyas. No quiero oír a nadie mas. Solamente escucho alguna canción de Andrés Calamaro, que me parece la antítesis de Alejandro: cantautor, comprometido, humilde, interesante... bebedor, mujeriego y un poco canalla. Pero no me hace soñar. No se puede mandar en los sueños.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Vuelvo a ti

Vuelvo a ti, Alejandro, como si fuera una de tus canciones. Vuelvo porque estoy enganchada y necesito amor. Tu pones el rostro, la figura, y yo pongo los sueños, las ilusiones baldías. Pero que más da. Tu en tu sitio y yo en el mio. Hago y deshago. Te acompaño en tus viajes y juego con tus hijos. Y siento que me miras como no has mirado nunca a nadie. Siento que soy todo lo que quieres ver, y que yo, magnánima, te dejo abrirte al resto del mundo, aunque tengo el poder de atarte solamente a mi. Alejandro, me miras con tus ojos y me cantas canciones. Y yo soy perfecta, guapa, pero más que guapa, hermosa, rubia, pero más que rubia, dorada, alta, pero más que alta, de tu medida. Y soy el sol que ilumina tus días. La única mujer a la que miras. La que por fin te ha cambiado. Ahora eres un hombre enamorado y fiel. Casero y serio, aunque tu risa ilumina mis días. A veces pienso que cada uno de nosotros debería poder escribir su historia, elegir su vida y su destino. Si pudiera elegir, ahora, te elegiría a ti. Yo sería yo misma, pero perfecta y mi familia sería la misma, pero ricos y guapos, inteligentes y cariñosos, carismáticos, capaces también de deslumbrarte y enamorarte. Y tu familia sería la tuya, pero me amaría y me vería como otra hija, como otra hermana. Y las familias de ambos se harían una sola familia. Y tus hijos vivirían con nosotros. Y tendríamos más. Todo de cuento de hadas, como tu mismo, mi príncipe azul.

La vida en un papel

Al fin he vuelto. He tenido una semana ajetreada, sin tiempo. Me parece todo tan planificado. La verdad es que tampoco tenía mucho que decir. Mi vida gira en torno a varias cosas, ni .demasiado interesantes ni demasiado entretenidas. Es solo mi vida. Un trocito muy pequeño de este mundo tan grande, donde tanta gente malvive. El aburrimiento significa en mi caso calidad de vida: calor, comida, ocio, vicios legales... Nada demasiado literario. Pero dentro de mi se mueven cosas, pensamientos, ideas que me hacer asomarme a esta ventana y escribir sin ánimo de difusión. Es mi terapia, la forma en la que dejo salir pensamientos y sentimientos que a veces son personales y a veces no. Esta forma de expresarse es ambigua y no necesariamente autobiográfica. Puedo decir lo que quiera y montarme en la nube en la que me apetezca. No hay límites, ni horizonte que frene la imaginación, los sueños. Pero a veces es todo tan prosaico que no se tiene ganas ni de volar. La vida te pesa en los pies y te ata al suelo con cadenas invisibles. La rutina, el trabajo, la misma vida repetida día tras día, acaba en cierta forma, minando tu capacidad de ilusionarte. Y eso es para mi el fin, el terrible fin de un ser humano que ha vivido en las historias de los otros, que ha volado en las alfombras mágicas de oriente hasta mundos felices, que ha amado a hombres dignos de ser amados hasta la muerte, que no la hubieran mirado siquiera si hubieran pasado a su lado. La vida vivida en un papel.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Amores imposibles

Los amores imposibles son los mejores. Sufres mientras amas, pero no sufres la pérdida. Tu recuerdo será probablemente grato. Como una asignatura nunca aprobada, porque nunca te matriculaste en ella. Sin embargo, el amor, el maravilloso y loco amor compartido se enfrenta con el tiempo, que como si fuera un extintor va apagando poco a poco el fuego. La rutina destruye la pasión, la confianza, la amistad. Y la relación va carcomiéndose concentricamente hasta que llega al núcleo. Y ahí está el dolor, pero también el odio e incluso la violencia. Se pierde la memoria de lo que fue, del tiempo en que todo se perdonaba, en que los defectos eran pequeñas y graciosas nubes negras bajo el cielo azul del paraíso. El amor posible se convierte en una situación imposible, insostenible. De nada valen los recuerdos, el amor pasado, los momentos de apoyo. Ahora todo es negativo. El amor se ha ido sencillamente, se ha evaporado sin que nadie se diera cuenta. Peor aún, sin que a nadie le importara. Prefiero los amores imposibles, no dejan cicatrices en el corazón ni en la piel.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Autoconcepto

El autoconcepto es más o menos la imagen que uno tiene de si mismo o de como los demás le ven. Pues bien, yo no tengo autoconcepto. Ni me veo, ni se, ni quiero que nadie vea o sepa. Soy un ente independiente. Toda la vida he tratado de aislarme: del dolor, del rechazo, de las ilusiones muertas, del amor traicionado. Me he convertido en lo que soy, pero no me analizo. Solo existo. Convivo socialmente lo menos que puedo. No me relaciono. Ni se, ni quiero. ¿Para que? Habrá gente que valga la pena, pero no se donde está. Tal vez yo tampoco valgo la pena. Ni lo se, ni me importa, porque no me juzgo. Existo, pero mis compañeros son los objetos inanimados, los perros, la imaginación, internet. Y mi mundo, mi madre y mi hermano y la nostalgia de mi padre que duele cada día. Y mi perro perdido, tan amado. Y mi perra, tan querida. Tiene 9 años. Todos somos viejos en mi pequeña familia. No hay esperanza. Solo nos queda perder. Disfrutaré mientras pueda.

Zoo de cristal

Cada mañana aparco el coche en el sótano 3 del edificio donde trabajo. Me monto en el ascensor y aparezco en una verdadera jungla de hormigón y vidrio, artificial y artificiosa, nuestro propio zoo de cristal. Aquí las vivencias no son tan intensas, ni tan trascendentes como en la obra de Tenesee Williams, aunque son igualmente universales. La lucha, las tensiones, rasgan la piel como espinas envenenadas.
Me refugio en mi árbol y veo pasar cantidad de monas y monos chitas. Hacen monerías, se exhiben, se dejan querer, dan saltitos y emiten extraños ruidos. No se en que se ocupan, pero hacen bastante ejercicio. Son el alma del zoo.
Por mi puerta, sobre las 9,30 h., cada día, asoma el viejo león rey de la manada. Está cansado y quizá harto de mantenerse erguido cuando no tiene ganas más que de tirarse en cualquier lado. El cachorro joven que siempre le acompaña será pronto su competidor. Ya da dentelladas sobre el cuello del viejo rey. Y se muestra altanero y suficiente. Se revuelca juguetón sobre la tierra mientras el harén de monas-chita del rey le ríe las gracias. Pero no llega a las lianas.
Las hienas también ríen, siempre ríen, mientras esperan hincar el diente en la carroña. Por encima de los armarios transitan las panteras, sigilosas, ambiciosas, hambrientas. Estiran su cuerpo poderoso y su pelaje brilla. Son temibles. Se cobijan bajo la sombra del viejo rey, a la espera de oportunidades. Ellos también aspiran a puestos más altos.
La comunidad está repleta. Fieras, alimañas y sabandijas se sientas tras las mesas o transitan por los pasillos. El personal es variado. También hay algún cordero viejo y alguna gacela manoseada. Es un triste ambiente. El zoo de cristal.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Cincuenta años

A veces el tiempo parece estorbar. Es demasiado. Momentos de espera que se hacen eternos. Y luego, todo pasa tan deprisa. El tiempo siempre nos envuelve, el tiempo y nuestra percepción de el. Cincuenta años. Me da la impresión de que ya no hay vuelta atrás. Todo será un rápido correr hacia adelante, hacia el fin. La vida está compuesta de ilusiones perdidas, de amores rotos, de amigos olvidados, y de la gente amada que se ha quedado en el camino. Todo tan triste. Y sin embargo, cada mañana amanece. y hay lugar para planes, para ilusiones y para olvidar la realidad más amarga. Cincuenta años. Parece mentira. Que de tiempo perdido. Que de cosas por hacer.

Relleno

¿De que están rellenas las cosas? Hace unos días vi una escultura, era como un semicirculo con rostros grabados en la superficie y me dio la impresión de que era pura superficialidad. ¿Que tenía dentro? Probablemente nada, vacío, o un pequeño armazón de escayola y madera. Si pero que había ahí dentro. En ese espacio que es y no es. Porque ocupa un lugar, pero no existe. Y comencé a preguntarme que tienen dentro las cosas. Por ejemplo, un pan de eso redondos, de pueblo, está relleno de masa de harina, levadura, agua y un poquito de sal. Si, pero que tiene dentro. En que consiste su existencia. ¿Tiene objeto más allá de ser un alimento?. También es una forma y ocupa su espacio y cuando lo comemos se transforma, pero no desaparece. ¿Y donde va su esencia entonces? Otro ejemplo, el David de Miguel Ángel, es macizo, puro mármol de carrara, pero ¿que tiene dentro? Tiene algo, estoy segura cuando lo observo. Si giras alrededor de él parece seguirte. Es mérito del autor. Pero la obra tiene vida, es. Y no es solo piedra. Mi mano, la derecha ¿que tiene dentro? Sí venas y músculos y huesos. Pero me entendéis, la mano tiene dentro vida, es capaz de hacerme daño y de ser mi herramienta más preciada. Cojo un libro y siento que es una entidad. Es papel y tinta, pero tiene algo. Tiene sabiduría, inteligencia, memoria, imaginación... y vive en si mismo. Es. Y algo etéreo, una melodía, una canción, cualquiera ¿Que contiene? Música, notas que se montan en el viento y se van. Pero está rellena de... no se de que, pero de algo. Todo está relleno.

jueves, 25 de octubre de 2007

Que poco contamos

Hoy me he levantado con ganas de trabajar. He ido con más ganas que otros días. Tenía un trabajo interesante que hacer. Pero según transcurría el día todo se ha enrarecido. Se perfectamente que no soy nada para mis jefes. Ni como persona, ni como trabajadora. Otras veces, creo que lo he comentado, somos facilmente sustituibles. No se nos valora, y sin embargo se les llena la boca de "lo bien que estamos", "cuanto ganamos"... siendo, como somos, nada. El ambiente en el trabajo esta mal, ni siquiera estamos enfadados, estamos resignados, en el exilio que nos impusieron, no ya por el sitio, sino por la forma en que nos hicieron trasladarnos durante las obras de la sede. No nos facilitaron información entonces, ni lo hacen ahora. Todo lo que sabemos son rumores. Y los empleados antiguos, gente que llevamos aquí 20, 30 o 40 años, somos menospreciados. Las promociones son solo para los nuevos, gente "muy formada". Pero todo son paripés. Ellos lo saben y nosotros lo sabemos, y todos disimulamos. Al fin y al cabo estamos ahí ganándonos la vida. Muchos seguimos pagando hipotecas, o tenemos otras deudas, y sobre todo tenemos que vivir. Pero la oficina se ha convertido en un lugar apagado, sin alegría. Casi sin esperanza. Hay rumores de listas negras y blancas, de recesión económica, de medidas drásticas. Hay amenazas de crisis futuras. Hay indiferencia y como he dicho, lo peor, resignación. La mayoría hemos decidido pasar. Han conseguido cambiar mi forma de ser: imaginativa, con iniciativa, activa, iva, iva, iva... y ahora pasiva. Bueno mañana es viernes, esa parece ser la solución. Al menos, hasta el próximo lunes.

Me tienes en un sin vivir

Alejandro, por Dios, no puedo más. Estoy sufriendo contigo cada día. Yo que te conozco hace tan poco, pero tanto he averiguado, yo que he retrocedido hasta tu niñez desde hace solo unos meses, me encuentro con que has cambiado totalmente. Tu música ha dejado de ser poderosa, y aunque cantas de maravilla, siempre, tu canciones no me estremecen. El disco que menos oigo es el último. Pero eso es coyuntural. Tampoco me gusta tu nueva imagen. Eres un hombre y ese ha sido siempre tu atractivo. Estás más guapo con el pelo largo, canas, arrugas y media barba. Estas más guapo descuidado, natural. Y eres muy guapo, hermoso dicen tus fans. Tampoco tu sonrisa es la de antes y dicen las entendidas que tus ojos han perdido la alegría. En fin, que me digo que ahora que me gustas a mi, que te he descubierto, has cambiado, has vuelto tus ojos, como tu dices, a otros mercados, a otras/os entusiastas adoradores. Pero ya te lo he dicho otras veces. ¿Merece la pena? Sabes que te perdonamos todo, pero regresa por favor. Tu tienes que ser ese hombre maravilloso que nos hace soñar en el escenario con antiguos caballeros, mujeres hermosas, domingos de misas y paseos, flores y un amor intenso, incondicional, desesperado. Noches de pasión y días de ternura. Cuentos con final feliz. Y también ese hombre que nos produce curiosidad y nos derrite cuando se muestra tímido en las entrevistas, o juguetón con sus hijos. En fin Alejandro, tu verás, mañana te marchas, pero yo me voy contigo, tengo la suerte de poder ir contigo a donde quiera, de poder viajar y asistir a todos tus conciertos aunque no me mueva de Madrid. La imaginación e internet son un complemento excelente para los sueños. Pero por favor, si no en todo lo que te he dicho, al menos reflexiona sobre tu peluquero. Acuerdate De Sansón.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Los conductos reglamentarios

Hoy he descubierto que los conductos reglamentarios son aleatorios. Por ejemplo, un conducto reglamentario para mi puede no ser igual que para otros. Es posible que no sea objetiva, según me dice un conducto reglamentario cuando se lo hago ver. Porque en mi empresa, los conductos reglamentarios tienen nombre y apellidos, orejas y boca y categoría laboral, en muchos casos recientemente elevada. Y no solo eso, porque los conductos reglamentarios funcionan de ida y vuelta, es decir, que son conductores de información. Podrían llamarse centro informativo de la dirección. O centro de difusión de rumores para el personal.
Bueno, que es miércoles y hoy juega el Madrid, así que vamos a dejarnos de ironías. Esto, al fin y al cabo es cosa de siempre. Así que me he puesto de buen humor y he trabajado bastante hasta media mañana, momento en que he bajado a visitar a una compañera para intercambiar impresiones. Hay que estar al día. La información es poder. Nosotras mantenemos una pequeña red de confidencias, al fin y al cabo nos enteramos de todo, aunque nunca por conductos reglamentarios. Existen varios requisitos para pertenecer a esta red:
- Estar atentas y observar las reuniones y migraciones.
- Ser malpensadas.
- Oír. Oír es fácil en esta oficina sin intimidad, dicen que moderna.
- Ser malpensadas.
- Ver quién sale, sube, entra, baja...
- Ser malpensadas.
- Las diversas audiencia de la gerencia
- Ser malpensadas
- Observar los besos y tocamientos matutinos
- Ser malpensadas
Y luego un poco de sal y ligar los ingredientes.
Algunos se maravillan de nuestra capacidad de elucubración. Pero somos mujeres, y por tanto superiores neuronalmente. Digo naturalmente.

Has vuelto

Hoy el viento ha susurrado en mis oídos: ha venido. Y he corrido a buscarte emocionada. Te he encontrado en el pasillo y he mirado tus ojos. A ti todo entero, pero sobre todo tus ojos. Y en ellos he visto la tristeza más absoluta. He sentido las lágrimas brotar de mis ojos y de tus ojos han brotado más. Al fin has dado un paso y me has abrazado.
- Tanto tiempo, tanto.
El viento susurra ahora en mi oído con tu voz.
- Te he extrañado, no se como he podido pasar sin ti todo este infierno, aunque tu siempre estabas conmigo. Por las mañanas cuando el sol del desierto quemaba mi piel a través de la ropa, tu estabas conmigo, cuando comía más arena que arroz, sentado bajo la sombra de una sábana requemada de tanta exposición, estabas sentada a mi lado. Y por las noches, cuando llegaba lo peor del día, el ruido de las bombas, los disparos, las lejanas metrallas, las coloridas llamas, las explosiones y los lamentos de los hombres, mujeres y niños, tu estabas allí, abrazándome, protegiendo mi cuerpo, pero también mi alma. Porque las almas se perdían en aquel destrozado paraíso. Morían los cuerpos, pero las almas habían muerto hacía mucho tiempo.
- Hoy has vuelto, estás a salvo.
- Si, he vuelto, pero traigo conmigo tanto miedo, tanta sangre, tantas imágenes que no podré olvidar.
- Pero yo estaba contigo, te he dado fuerza para aguantar.
- No, porque odiaba cada momento en que estabas allí, en mi memoria, en mi imaginación, en mi cama. Odiaba que sintieras lo que yo sentía, que vieras las cortinas de sangre, los rios de desesperación de esa gente, la igualdad de los muertos y los vivos, la miseria, la sed y el hambre, los partos desahuciados, las lágrimas secas.
Le he abrazado más fuerte y hemos seguido llorando un buen rato. Al fin ha levantado su rostro y me ha vuelto a mirar. Sus ojos seguían apagados, pero una sonrisa ha asomado a su boca hermosa.
- No hablemos, acompáñame a casa y déjame bañarme en agua limpia. Después acuestate conmigo sobre nuestra cama y déjame abrazarte. Me fundiré contigo para recordar que en este mundo, en este lado del mundo, las cosas son mejores. Que puedo besarte cuando quiera. Y que la calle está limpia de cadáveres. Que los niños aquí no son soldados.
Me da miedo verle así. Ha vuelto pero no se cuanto de el se quedó lejos, en aquel paraiso destrozado, cubierto de tiendas ancladas sobre el árido suelo. No se cuanto durará su sed. O cuando podré saciar su hambre. No se cuando dormirá sin soñar que está allí, aún, bajo el cielo encendido. No se cuando creerá de nuevo que está vivo, aunque su alma se murió mil veces. Tanto tiempo, tanto, y ha vuelto y no lo ha hecho.
- ¿Cuanto de ti se ha quedado en aquel lugar maldito?, ¿cuanto del hombre que fuiste no ha vuelto?. Esboza de nuevo una sonrisa, por favor, la necesito para llegar a casa y abrazarte. Amarte tendidos en la cama para irte quitando capa a capa todo el dolor que has traido de equipaje.

lunes, 22 de octubre de 2007

Aleluya

Aleluya, hoy viene Alejandro a España. Para lo que me vale lo mismo me da que esté en la conchinchina. Pero me reconforta saber que está más cerca, localizado. Que le veré en la tele y sufriré cuando le hagan esas entrevistas "tan ingeniosas" que ahora hacen y en las que el entrevistado solo debe quedar como un idiota. No busques Alejandro contestaciones originales, que tu no tienes facilidad de palabra y te liarán. Tu muéstrate tan hermoso como eres, tan sencillo y simpático. Y no trates de entender porque, simplemente, no te preguntan lo que quieran saber sin circunloquios. Claro que tendrás que aguantar todos los tópicos. Te preguntarán por tu fama de Don Juan, por tus cinco hijos, por tus mujeres. Por tu enfermedad y tus accidentes. Te preguntarán lo mismo de siempre. Tal vez incluso de tu última incursión charrera. ¿Y el próximo disco, será de baladas o rancheras? y a lo peor rescatarán tu caída. En fin, sufriré por ti, porque yo se que eres un tímido que lo pasa fatal, pero que luchas y no tienes demasiados complejos, porque sabes lo que vales, y la cantidad de gente que te quiere en la distancia. Aunque tu mismo no entiendes por que. Bueno, a lo que iba, que estás bajo el mismo cielo que yo, ahora si, cerquita. Hoy en Barcelona, pero mañana vienes a Madrid. No se si intentar enterarme de donde te alojarás y dar una vuelta por allí. Me daría vergüenza que alguien supiera que me muero por verte. Pero claro, mis sueños no se limitan a verte salir de un hotel. Tu no me sirves para tan poco. Además vendrás con tu joven novia. Ya he visto que ha crecido de su parte de delante, como diría Andrés Calamaro. Supongo que será un regalo tuyo. Que lo disfrutes.

Mal de muchos...

Todo sigue igual, esto es una sucesión de días sin fin. Otra vez lunes. No puedo más. Hoy me encontraba mal, me dolía todo el cuerpo y la cabeza. No he dormido en toda la noche. Pero hay que cumplir. El trabajo es lo más importante, más que la vida. Cada día lo soporto peor. Voy a tener que hacer hipnosis o algo así, para venir sin planteármelo. Tengo que estar aquí 8,5 horas cada día. Pues ya está. Otros están peor. Mal de muchos consuelo de tontos.

viernes, 19 de octubre de 2007

Hoy he soñado

Hoy he tenido un sueño, como siempre supongo, pero hoy me he acordado de mucho. Es curioso porque nada era lo que parecía. En el sueño tenía una gata que era exacta a como es mi perra, blanca, esponjosa y preciosa. Era más pequeña y era gata. Pero también tenía un perro al que no llegué a ver. Tenía dos coches, mi viejo passat que jubilé hace unos nueve años, y otros que no he llegado a ver. Mi padre no parecía estar en el sueño, pero yo le preguntaba a mi madre si podría conducir, como si lo hubiera hecho alguna vez hace mucho tiempo. Y mi madre nunca ha conducido. Luego aparecía mi hermano, un poco tarde, pero para salvar la situación ya que teníamos que llevarnos dos coches y solo uno de nosotros, yo, conducía. Estábamos en una especie de polígono industrial poblado de tiendas. Eran los 8,30 h. de la mañana y todo estaba abierto. Yo estaba preocupada por mi trabajo, pero tenía horario flexible de 8,30 a 9,30, cuando en realidad es de 7,30 a 8,30. En ese polígono teníamos un casa con jardín, un poco abandonada, pero buena, allí si estaba mi padre, no se si le llegue a ver, pero se que estaba. Cuando íbamos a salir he dejado de soñar. Y a todo esto sin poder entrar en las tiendas del polígono, muchas de ellas de bolsos, mi perdición.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Vaya dia

Estoy cansada, harta, desesperada. Los minutos no pasan, aunque ya son las 3 y 11. Me quedan pocos minutos. En un ratito Yolanda pasará a buscarme, recogeré y saldré por fin a la calle, a la luz del día, al aire fresco. Todavía tardaré una media hora en llegar a casa entre conductores con prisas y maniobras irresponsables (mías también). Mañana jueves, por fin comenzamos a ver la luz. Esta semana ha sido muy dura, quizás porque la pasada tuvo fiesta el viernes. Hemos tardado tres días en recuperarnos del fin de semana. Todos arrastramos los pies por los pasillos. El lunes, probablemente, faltó bastante gente. Yo llevo toda la semana con lo mismo. Desde que el lunes mi jefe me dio un pequeño palo para motivarme. Que bueno, como se preocupa por mi. Así da gusto. Menos mal que ya soy perra vieja en esto (y en muchas otras cosas) y no me altero. Yo sigo mi ritmo. Trabajo, pero han conseguido poco a poco lo impensable: ya no tengo ideas. Antes era una máquina, capaz de llevarme a casa el trabajo en la cabeza y pensar en mejoras, cambios. Pero el tiempo y la falta de consideración (no general, pero si importante y sobre todo decisoria) han motivado que mi actitud cambie. Se mucho, y trabajo bien, pero ahora no tengo ganas. No se merecen, probablemente ningún jefe se lo merezca, que te dejes la piel en el trabajo. Nunca serás correspondido. Eres una pieza facilmente sustituible. Aquí la gente que se jubila no vuelve. Ni la que se va voluntariamente. Por algo será.

martes, 16 de octubre de 2007

Canta solo para mi

Hoy he venido con Alejandro. El y yo solos en el coche. Eran las 7,15 y el me cantaba al oído "Y yo no se olvidar, como lo hiciste tu" como si yo hubiera podido olvidarle de haberle tenido. La mañana es templada, pero aún es totalmente de noche. Mi coche parece un recinto romántico y solitario, rodeado por otros muchos coches. Conductores con cara de sueño, bostezando, pasajeros de un camino sin final feliz. Pero no me importa si el camino es largo. Al fin y al cabo yo voy susurrando canciones con el. Cuando me paro en un semáforo bajo un poco el volumen. Es mi secreto. No quiero que nadie oiga lo que me dice. "Ahora llevo todo mi Amor a tu Amor atado". Ya se que es muy temprano para el amor, pero hay que aprovechar los huecos que te proporciona la circulación. Sino, ¿que haría?: maquillarme, ahondar en mi nariz, dormir en los semáforos... Aunque sea tan temprano mi corazón está despierto. Y mis sueños siempre van conmigo donde quiera que voy. Canta Alejandro, solo para mi en esta mañana que parece levantarse nublada. Canta solo para mi en esta mañana madrileña gris. Cuando llegue a mi destino me olvidaré de ti, probablemente hasta la hora de volver a casa. Entonces me montaré en mi coche, arrancaré y te pediré de nuevo que cantes solo para mi.

lunes, 15 de octubre de 2007

Fiesta nacional

El día 12 de octubre se celebró la Fiesta Nacional. Fiesta de militares y curas, de reyes y políticos. No es mi fiesta. Primero porque no deseo una fiesta nacional en la que se encumbren símbolos patrios que huelen a rancio. No quiero banderas ni fronteras, ni toros de osborne ni águilas. No quiero oro y gualda. Lo único bueno del desfile fue la cabra, festejada por mi como la más coherente de un pasacalles que ensalzó el buen rollo, con aviones que dibujaban estelas en el cielo, legionarios con el pecho al aire y ceñidos calzones, soldaditos españoles (pocos españoles) de un ejercito de opereta. No hubo sangre, ni lágrimas. Unos cuantos agitaban sus banderas, regalo del PP del caudillo Rajoy, al ritmo de la música. Pero como dijo Brassens "Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar". Yo me quedé en casa. Un día insulso. El día del Pilar. El día de la Hispanidad. ¡Que día! También se conmemora la "conquista" de América. Un hecho que se debería acallar, para que no nos remuerdan las conciencias. Hay mucho que pagar. Matamos, robamos, usurpamos... sin medida, en nombre de Dios y de la Patria España, con el beneplácito de los reyes -siempre en nombre de lo mismo, siempre los mismos- fuimos el azote de los indígenas, su plaga de muerte. En fin, que el día de la fiesta nacional fue un día aciago, con el color caqui de la mierda tiñendo la desaprovechada mañana madrileña. No estaba sola, pero los que gritaban no eran de los mios. Los que agitaban las banderas y los que desfilaban tampoco lo eran. Es dificil ir contra la corriente: "En el mundo pues no hay mayor pecado, que el de no seguir al abanderado".