domingo, 27 de julio de 2008

Minimalismo cruel

A veces me levanto al baño por las noches. Me siento en la taza, y justo enfrente, en la parte baja del radiador, hay una pequeña telaraña y una arañita. Nunca veo infortunados insectos que queden adheridos a la tela. No se de que vive la pobre araña. A veces la soplo y ella se refugia tras el radiador y otras veces simplemente la miro. Probablemente aún viva porque no me llega el pie cuando estoy en la taza sentada. Sino, probablemente, ya estaría muerta.
Es tan pequeña que no la hemos cazado con la escoba ni la fregona. Yo la dejo vivir.

He decidido que la mataré antes de volver a Madrid, a finales de agosto.

Radoban Karadzic

La detención de este magnicida pone de manifiesto dos problemas endémicos de los seres humanos.
1) Que todos somos iguales, o casi. Que puestos en una situación determinada seríamos capaces de hacer lo mismo que este hombre, o de, al menos, como tantos hicieron, cerrar los ojos al horror. Si los muertos no son nuestros podemos aguantarlo, podemos vivir como si las cosas no pasaran. Podemos llorar un poco, horrorizarnos y seguir con nuestra vida normal, tomar el aperitivo y ver el partido de la tarde. Aquí, los domingos, son domingos, no otro día más en la condena que es la vida para muchos de nuestros congéneres.
2) Que estamos dispuestos a ver las cosas según nos conviene, en cada caso, y que somos capaces de olvidar si lo que ganamos es suficiente. No nos preocupa demasiado nuestra conciencia, se la puede acallar con el poder o el dinero. Los intereses son los que conforman nuestro mundo ético.
Tal vez hoy no tenga un buen día. En realidad, se me ha desprendido una persiana y soy incapaz de arreglarla, mañana llamaré a un especialista.

sábado, 5 de julio de 2008

Julio

Hoy es 6 de julio. Los principios de los meses de julio desde hace 7 años me dan miedo. Porque el día 8 es el aniversario de la muerte de mi padre, de mi muy querido padre. El tiempo lo cura todo, es verdad, pero las cicatrices quedan y en algunas fechas señaladas parece que el tiempo retrocede y vuelves a vivir los terribles momentos, el dolor del adiós impuesto. Siete años ya. Yo no he olvidado tu cara, ni tu voz, ni tus ojos. No he olvidado nada de ti. Ni quiero hacerlo papá. Esparcimos tus cenizas en el lago en que tanto te gustaba pescar y ahora se que hubiera querido poder ir a verte a algún lugar. La alternativa no es gran cosa, un nicho en un cementerio, pero quizá eso me hiciera sentir que me queda algo físico de ti. Pero aún conservamos parte de tu ropa y tus objetos personales y a veces los toco. Y guardo un pañuelo del cuello en una cajita, con tu olor aún. Papá necesitaba esto, necesito aún llorar por ti algunas veces. Papá, te quiero.

martes, 3 de junio de 2008

Los sauces

Creía que no podría resistirlo más. El viento agitaba los sauces junto a la ventana. Mario leía el periódico sentado en su sofá. La habitación estaba oscura y solo la luz de la lámpara de mesa iluminaba el área donde estaba mi marido. Yo me encontraba enfrente, simulando que miraba la televisión. Tenía incluso un rictus en la boca, como si sonriera por las simplezas que se decían. Pero en realidad le miraba a él.
¡Que importante se sentía en su trono, en su espacio!. No hablábamos, como siempre. Cuando acabara de leer querría cenar. Con una mirada me daría la orden y yo como un cordero la seguiría. Luego a recoger y a la cama, sin mirarnos, sin hablarnos.
Hoy es lunes. Ha amanecido nublado. Me gusta. Este ambiente gris y apagado entibia mi corazón. He decidido no esperar más, hoy es el día. El sol calentará tarde o temprano la mañana de modo que me vestiré de primavera, con colores claros. Necesito coraje para ofrecerme a él, para proponerle la locura de compartir mi vida.
La agencia está cerrada aún. Son las 10 menos 10. Paseo arriba y abajo por la acera de enfrente. No tengo valor para esperarle en la puerta. No se siquiera si entraré. Al fin le veo, viene con una mujer. Cuando llega a la puerta se besan en la boca y se despiden. Mi mundo se hace trizas.
He entrado en un bar a tomar un café. Necesitaba sentarme y pensar, repasar lo que he visto y encontrarle algún sentido. El me quiere, me lo dicho cada vez que hemos hecho el amor y cada vez que me ha follado en la trastienda, a mediodía, mientras cerraba para comer. Y me lo ha dicho con sus ojos ardiendo. Y al oído, con sus labios junto a mi mejilla. Mentiroso.
Le conocí en su agencia un día de mayo. Entré a preguntar por un viaje que nunca haría. Mi marido y yo nunca vamos a ninguna parte. Pero a mi me gustaba inventarme planes de vacaciones. Le pregunté por algún destino exótico. Vi que se llamaba Pedro en una plaquita que llevaba sobre el bolsillo de la camisa. Pedro Jazmín. Que apellido tan cursi.
Pero me miró y vi en sus ojos la mirada de un hombre interesado. Y yo, que no intereso a nadie, le seguí el juego. Coqueteamos como dos chiquillos escapados de la escuela. Era el peligro, lo prohibido. Era mi deseo y su deseo, encarnecido de pronto. Solo un hombre y una mujer sin ninguna pregunta. Por mi vientre corrió como la pólvora una sensación quemante, hasta mi sexo, que me hizo apretarme contra la silla. El se dio cuenta y mis ojos se ahogaron en los suyos. No hubo disimulos, ni dudas. Como en un sueño me cogió de la mano y me condujo a la parte trasera de la agencia, a una salita tan pequeña que solo cabía un sofá y una mesita de salón. No necesitamos más.
Pedro me apretó contra la pared y me beso hasta ahogarme en su saliva y en su aire. Me abandonó un momento y cerro la puerta exterior. Sin palabras volvió a mi y sin palabras me bajó las bragas, y sin palabras me introdujo su sexo. Fue una batalla corta, pero sangrienta. Cuando acabamos, sin palabras, me coloqué la ropa y me fui.
Por la tarde llegó Mario a casa. Y yo le miré como si hubiera ganado la guerra y el fuera el perdedor. Sentía todavía el roce del sexo del extraño que me había follado, su líquido, que inconscientemente había derramado en mi. Pero no me importaba. El futuro y el pasado no me importaban, porque me sentía libre. Mario no tenía ni idea, pero era un maduro, egoísta y orgullosos hombre engañado. Su posesión compartida, manoseada por un desconocido, perdida entre los gemidos de otra boca.
Esa noche me acosté pensando en ese momento de locura, deseando de nuevo al extraño, emocionalmente para sentirme deseada, mujer e intelectualmente para seguir perpetrando el agravio en mi marido, en mi santo marido.
Estuve dos días resistiendo el deseo de volver. Pero lo hice. Al tercer día mis pies se dirigieron sin yo notarlo a la agencia. Allí estaba Pedro, atendiendo a una pareja. Me senté a esperar frente a él. Mientras les atendía me miraba de vez en cuando y yo abría mis piernas para que sus ojos horadaran mis secretos. Era suya. Estaba allí para él.
Cuando nos quedamos solos ocurrió los mismo otra vez. Otra vez los besos, las bocas comiendo, los sexos pegados, las manos hiriendo. Nos mirábamos a los ojos. Pero no hablamos.
Estuvimos así durante dos meses. Yo iba a verle en la hora de la comida y el me esperaba ardiendo. Cada vez más abierta al delirio, cada vez menos cauta.
Mario, mi marido, comenzó a notar mi cambio. Mis arreglos, mis cuidados, mis sonrisas sin dirección, mis descuidos con él. Ya no tenía miedo a su indiferencia, ni a la soledad. Ya no estaba sola. Aunque solo tuviera sexo con Pedro, llenaba todo mi mundo. No necesitaba nada, porque estaba saciada.
Una noche Mario me violó. Perdió su indiferencia y me interrogó. Yo no le contesté. Ni asentí ni negué que le engañaba. Le dejé hablar, gritar. Nunca le había oído hablar tanto, ni ser tan expresivo, aunque la mitad de sus palabras fueran puta. Cuando se le agotaron los gritos, las frases hirientes, me pegó. Su bofetada impactó contra mi cara con la fuerza incontenible del odio y la rabia. De los celos de la propiedad, no del amor. No estaba seguro de nada, ni de él, ni de mí. Y me pegó otra vez. Después se sentó y lloró.
Yo le dejé en el comedor y me acosté sin sentir nada más que el dolor de los golpes. No pensaba. Al cabo de un rato Mario vino a la habitación y se echó sobre mi. Quiso besarme, y cuando le volví la cara, no se porqué, pero sin miedo, me desgarró la ropa y me violó. Yo no me resistí, para que, si no sentía nada.
Pero todo el dolor me aprieta ahora las entrañas, me desgarra como no lo hizo entonces. Ha pasado una semana, una semana de encierro, de indiferencia primero y de odio después, un odio reconcentrado que ha ido ocupando mi pecho, subiendo por mi garganta hasta mi cabeza.
Vuelvo a casa. Pasos cansados sobre el asfalto gris, bajo el cielo gris plomizo que ahora me aturde. Llevo encima todo el peso de mi mundo derrumbado, un mundo artificial que no tenía más pilares que mi desesperación y mi soledad. Pedro fue un sueño. La realidad somos Mario y yo. Y tengo que escapar.
Abro la puerta y me dirijo a mi habitación, la que hace una semana no comparto con mi marido. Cierro la puerta, me desnudo y me tumbo en la cama. La espalda sobre el colchón y mis ojos pegados a la lámpara del techo, cristalitos que se mueven con la brisa que entra por la ventana abierta. Oigo al sauce frotar sus ramas unas contra otras, Y mi corazón se desgarra de pronto. Lloro por toda mi vida, por mi infancia perdida, por los sueños imposibles, por la vulgaridad, por la desilusión, por los hijos que no he tenido, pero sobre todo lloro por mi y me desprecio mientras mis manos intentan cerrar los ríos de mis ojos y aprietan sobre ellos. Lloro porque he sido cobarde y he dejado que la vida corra por delante de mi sin agarrarla.
¡Por dios!, ¡por dios!, aún queda tiempo.
Mario vuelve a las 2. Tengo la comida preparada, acelgas con patatas y un filete. Su vaso de vino sobre la mesa y el pan cortado como a el le gusta. Me he cuadrado a un lado de la mesa esperando sus órdenes. Traeme más vino, enciende la tele, siéntate, no te quedes ahí como un pasmarote. Y yo te obedezco en todo, Mario.
Es de nuevo lunes. Ha pasado una semana. No ha sido larga. Cuando no hay ilusiones que cumplir el tiempo pasa rápido. Estoy de nuevo frente a la agencia. Y de nuevo les veo despedirse con un beso. ¿Quién será?. Probablemente sea su esposa.
Entro en la agencia cuando Pedro está solo. Son las 11 de la mañana. No le hablo, no le pregunto nada, no hay nada que saber, he perdido la curiosidad, solo quiero follar de nuevo. Escapar por unos minutos, perderme en el abismo del deseo saciado y sentirme mujer. Después le dejaré como siempre. El no me pregunta sobre mi ausencia, sé que no le interesa. He vuelto. Cierra la puerta exterior y me toma de la mano y me lleva hacia el fondo. Me desnuda con prisa y me besa y me muerde el cuello y el pecho. Sus manos dejan marcas sobre mi piel, y su sexo deja marcada su huella sobre mi alma.
Salgo del médico. Un martillo golpea mi cabeza. Voy a tener un hijo. Voy a tener un hijo. Voy a tener un hijo. Estoy embarazada. Tengo 43 años y mi hijo no es de mi marido. Mi corazón está a punto de estallar en mi pecho. Mis manos aprietan mi vientre que vive.
He ido a ver a Pedro y se le he dicho. No me preguntó nada, pero sus ojos me miraron horrorizados. Solo me dijo que no era suyo, que no podía inventarme algo así y destrozarle la vida, que le olvidara. Mi hijo no tiene padre.
He dejado a Mario, ni siquiera le dije lo del niño, por miedo a su odio, por temor a que ese odio matara a mi hijo. He cogido unas cuantas cosas y me he marchado a la estación. He trasferido todo el dinero que teníamos a una cuenta propia y he tomado el primer tren a la costa con el niño que espero de equipaje. No tengo mucho, quizá para mantenerme hasta que nazca, pero me siento rica: soy libre, amo y seré amada. Mi horizonte es grande, inmenso.
Han pasado dos mes. Estoy sentada en la playa, frente al mar, oliéndolo y oyéndolo. Sintiendo su furia y a la vez su calma, su rítmico batir que acuna mi vientre un poco henchido. Hace tres meses que llevo a mi hijo conmigo. El murmullo de los sauces ha cesado.

Hola chicas

Como no está la jefa, hoy Ana y Cuca entrarán en mi blog para "analizarlo metódicamente con fines puramente profesionales", porque lo harán en horas de trabajo. Si lo hacen sabrán que estoy escribiendo esto para ellas. Y para Nuria.
Las personas somos amplias (no me refiero a los kilos), tenemos aristas que cortan como cuchillos y curvas como almohadones donde reclinar las cabezas. Y a veces solo mostramos las aristas, porque así creemos que nadie nos hará daño. Ellas tienen en la boca las risas de la juventud, de la curiosidad por el porvenir y aún están tiernas (no blandas) y sus aristas no cortan como las mías. No quiero que les hagan daño, pero las calles están llenas de lobos feroces, algunos disfrazados con pieles de cordero. No dejéis que os hinquen los dientes, pero no perdáis la inocencia que me conquista y me hace sentir joven a mi también.
Ayer lo pasé estupendamente en esa comida que nunca tuvimos y nunca existió. Lástima que tampoco vinieran Horten y Yoyo, porque me hubiera gustado verlas, ellas ya saben que las quiero.
Un beso para todas las que lean este textito en horas de trabajo. Se siente, yo estaré durmiendo (y Nuria también) que para eso somos paradas y no pa (progresamos adecuadamente).

miércoles, 21 de mayo de 2008

Ana ha decidido

Y ha decidido que no. Un hombre debe ser un hombre, y por tanto ser capaz de conquistarte, convencerte, tener inicativa y llevarte al huerto por méritos propios. No sé si existirá este hombre, pero conformarse no es bueno, solo es una solución temporal. Eres una mujer completa, tu destino te encontrará.

Alejandro, por dios

Anoche fui a verle al Palacio de los Deportes. Tenía cierto miedo de que verle en directo fuera un poco desilusionante. Pero todavía estoy en éxtasis. Más guapo, simpático y con una voz que atronaba el Palacio y que nos dejaba con la boca abierta. Cómo canta y cómo sonríe. Estoy loca por él, mi sueño sigue. No hay derecho a no tener derecho, ni un ratito, a tener un hombre como él. Deberían crear parques temático en los que pudiéramos vivir sueños, como en aquella película de Suarzeneguer (no tengo ganas de buscar como se escribe). Claro que me pasaría el día soñando. Me consuelo pensando que cuando baja del escenario será como todo el mundo, un hombre a lo mejor caprichoso, u obsesionado por su trabajo, o demasiado mujeriego. Pero me da igual, si pudiera probarlo... Alejandro, por dios, cántame al oído.

Novedades en la vuelta

Ha pasado más de un mes desde que escribí en el blog por última vez. Y en este tiempo ha pasado algo muy importante,
He dejado el trabajo, no podía más. Treinta y dos años después de comenzar, nada me compensa por la esclavitud de las entradas y salidas, del lunes a viernes. Necesito otra vida y he decidido que ya era hora. Por primera vez en mi vida he tomado una decisión con todas las consecuencias y de la que no me arrepiento, ni siquiera tengo dudas. Ya veremos lo que pasa, pero el destino está escrito, estoy convencida.
Me siento feliz.

martes, 8 de abril de 2008

La decisión 2

Jo Ana. Ha pasado casi un mes y todavía nada. Así no llegas a ninguna parte, que tu admirador necesita correr, al menos en estas primeras fases. He dicho correr, no te confundas. Porque ya sabemos que su punto débil son los años. Pero ya me has dicho que tiene unos cuantos puntos fuertes que lo contrarrestan: es fiable, responsable, te quiere y lo mejor que me has dicho de él hasta ahora: !Es que es un cielo¡.
Bueno, pues hasta a los ángeles hay que verles el plumero. De modo que ponte a ello. Si el sábado tiene algún problemilla de cualquier tipo, no te dejes vencer, que te conozco. Dale tiempo. Y hablo solo del plan social, no del íntimo.
Ay Ana, me preocupa que no tengáis un nido de amor, y que el no conduzca. ¿No será de esos hombres blanditos que te hará tomar todas las decisiones?
Supongo que habrás sopesado los pros y los contras concienzudamente. Y ha ganado él, por lo que veo. Me alegro por ti, por lo que tu quieres, por lo que deseas.
No dejes que nadie se mezcle en tu vida, ni dejes que le hagamos huir. Porque ya sabes que los Ballesteros son temibles.
Y cuando le hagas la prueba del algodón -por cierto ¿tomará viagra?- ten también paciencia y no compares ni recuerdes. Concéntrate. Y si las cosas no salen bien, paciencia, que el hombre lleva 8 años esperándote. Y si sale todo bien, enhorabuena, un problema resuelto y un punto más a su favor.
Bueno prima, que tu verás, que me mandes una foto y me tengas informada. No les cuentes a tus amigos las cosas con pelos y señales, porque el podría resentirse. Guardar vuestro mundo para vosotros, y en todo caso, me lo cuentas a mi.
Y tu madre y tu padre, que esperen, que sé hasta lo que te dirán.
Tu padre te dirá que te vas a quedar viuda rápido si te casas con el. Que está en la peor edad, la de los infartos.
Tu madre te dirá -además de que podría ser tu padre- que dentro de nada le tienes con los viejos, jugando la partida.

martes, 25 de marzo de 2008

Querida Nuria

Te han despedido. Y todos nosotros nos hemos quedado helados, en un primer momento y callados después. Parece que nunca hubieras trabajado aquí y eso que solo hacen unos 10 días que te echaron. Nadie ha movido un dedo. Con la creencia de que el dinero lo puede todo la dirección les ha dicho a los delegados que se ha llegado a un acuerdo. Pero no es cierto, la decisión es unilateral. Tu no te querías marchar.
Los delegados han asentido, como siempre, y se han conformado con la situación, no vaya a ser que caigan en desgracia. Y los demás, algunos dicen que acojonados, lo mismo, silencio. No podemos mirarnos a los ojos porque todos sentimos un poco de vergüenza. Pero nadie moverá un dedo por ti, Nuria, que el último día estuviste colocando expedientes de visados en cajas para ayudar y a la que no dejaron ni siquiera recoger más que su bolso y su abrigo, como si no fueras de fiar. Y eso es lo que dicen, que han perdido la confianza en ti. La dirección ha perdido la confianza en ti, aunque en otros foros dicen que no dabas la talla y oficialmente te han despedido por insultar a un superior. Por llamarle cabrón y machista en una reunión acalorada, tu contra tres fieras. Bueno Nuria, lo siento, porque ayer fuiste tu y pronto será otro y quién sabe a quién le tocará. Cuando nos llegue a nosotros, será demasiado tarde.

jueves, 13 de marzo de 2008

La decisión

Querida Prima: he decido hacer la lista de pros y contras de la que te hablé. Tomar una decisión es muy difícil cuando no hay un amor intenso, cuando un hombre te gusta pero no sabes si empezar una relación será un buena elección, teniendo en cuenta tu vida actual, tu situación familiar. Pero eres libre. Date cuenta de eso. Solo tienes que responder ante ti misma. Hoy puedes. De momento, yo que tu, probaría.

Pros
Un cambio de vida
Alguien como tu, con quién compartir las cosas
Apoyo siempre
Ser el centro del universo de un hombre
Formar una familia, tener hijos
Diversión, salidas...
Seguridad económica
Sexo seguro y tierno
Una casa propia
El amor de un hombre maduro es hermoso
Contras
Su edad, 14 años mayor que tu
Vive con sus padres, tiene dependencia
No le conoces relaciones con otras mujeres
Tu familia, que quizá no lo comprenda

De todas formas, esta lista es de oído. Eres tú la que la tiene que hacer, tú, que le conoces y sabes lo que sientes. Pero no te cierres en su edad. Los hombres maduros cuando se enamoran suelen tratar a la mujer como a una reina. Y tampoco te cierres en si tu familia le aceptará o no. Lo harán, aunque necesiten algo de tiempo. Pero lo que si será un choque para ellos, y tergiversará su objetividad, es saber que ya no vas a estar ahí solo para ellos, al 100%.
Tampoco pienses que es tu última oportunidad, 37 años, tu última oportunidad de que?. Quizá de tener hijos. No es cierto, tienes aún mucho tiempo para decidir. Pero eres tu la que tiene que hacerlo, sin presiones, sin prejuicios, lo que tu quieras, lo que tu sientas.
Suerte, tienes todo mi apoyo en lo que decidas.

Vuelvo

Hoy es un día especial para mi. Mi empresa se traslada a su sede social, 20 meses en obras. Y yo vuelvo a estar a cinco minutos (menos) de mi casa. No tengo que coger el coche, ni levantarme a las 6 de la mañana. A partir del lunes volveré a tener una vida. Hoy es un día feliz para mi.

miércoles, 27 de febrero de 2008

La corriente

¿Porqué estoy así? Me complazco en los pequeños desastres y trato, consciente o inconscientemente, de magnificarlos. Se me ha caído una funda de una muela y eso se hace una montaña que no me permite seguir adelante. No se porque, aunque ir al dentista es uno de mis punto débiles, una especie de trauma sin definir, sin contornos. Estoy aquí y estoy viva, pero mi cuerpo no responde como debiera. Es capaz de entrar en la cadencia de la pasividad, de la falta de energía. No se que me consume. y tampoco se como vencerlo. Pero lo peor de todo es que me complazco y no lucho contra ello. Contra la pasividad, actividad. Pero hay que tener ganas, y yo siempre estoy más a gusto tumbada en un sofá que haciendo cualquier otra cosa.
Esta falta de energía es algo físico. No puedes y no quieres hacer cosas, aunque estas te causen placer. No, quiero permanecer parada, quieta, aburrida muchas veces como una ostra. Pasando de las actividades que me atraen, de las cosas que me gustaría hacer. Pero no hago. Todos los plazos se me pasan. Todo el tiempo se me va de entre las manos sin aprovecharlo. La corriente me arrastra consigo, pero no me lleva a ningún puerto.

jueves, 21 de febrero de 2008

La playa

Por encima del horizonte solo hay cielo. Cielo gris que se extiende por las alturas de mi vida, las que mis ojos alcanzan. Y es tan grande la cúpula que forma, que me siento pequeña, insignificante. Y así soy realmente. Un grano de arena en una playa dividida. Al norte crecen arbustos y sombrillas. Hay chiringuitos donde olvidar la sed y el hambre, duchas donde limpiarse los pies de arena y un puesto de la cruz roja que vigila las picaduras de medusas. Al otro lado, al sur de la playa solo hay arena y manchas marrones de lo que fue sangre derramada, que se mezcla y se hunde y queda como si fuera una materia indestructible. Los cuerpos tumbados sobre la arena tienen posturas raras, piernas torcidas, manos crispadas, si te acercas un poco ves que están muertos. En esta playa, donde azota el mar enfurecido, no hay nada. No hay ni siquiera silencio. Yo estoy en la playa norte, pero puedo ver la playa sur, puedo sentir su angustia, el dolor de esa gente que al fondo se refugia en un saliente del acantilado. Puedo ver su sed y su hambre, sus heridas, sus manos vacias, sus ojos secos, sus hijos ateridos sin fuerzas para elevar los brazos suplicantes a su madre y llorar, llorar por el presente y el futuro, por la falta de esperanza y de comida, por el frio, por el horror de haber nacido en ese lado de la playa. Yo los veo, si, pero me doy la vuelta porque no puedo soportar la imágen, su ruido. Y cierro los ojos para olvidar que formo parte de ese mundo, también, que su mundo también es el mio, que somos todos del mismo mundo, que somos todos seres humanos, que su dolor debería explotar en mi conciencia y que mi responsabilidad abarca más de lo que me conviene pensar.

Parejas

El tiempo de la soledad y del olvido nos parece lejano. No tenemos tiempo para pensar en ello. Pero está la vuelta de la esquina, porque nadie nos asegura nuestro mundo, pequeño o grande, rico o pobre. Nuestra gente es lo único que importa. Veo matrimonios de mil años, que viven solos pero están juntos, los dos. Se han acostumbrado a depender el uno del otro y van agarrados de la mano y de sus bastones a todas partes. Siempre uno está mejor que el otro, y su drama es saber que uno sobrevivirá al otro. Después de toda una vida, ¿como puedes aprender a vivir solo?. Has tenido tu compañero, tu consuelo, tu igual y ahora dependes de tus hijos, o de nadie. Estás tu solo/a. Los dos quieren ser el primero en irse.
Me dan envidia, aunque piense que tienen el tiempo contado, me dan envidia, porque yo nunca lo tendré. Y se que habrán pasado por épocas malas, de desamor, de indiferencia, tragedias y pequeños dramas, tal vez por infidelidades, por traiciones. Pero cuando el tiempo de la guerra ha pasado, les queda la calma, su refugio, su casa y ellos dos.
Cuando tienes un compañero no te hace falta nadie más. Cuidaros los unos a los otros. Y cuidar eso que la vida os ha otorgado simplemente por azar y no lo déis por hecho, que no todos lo tenemos. Mi madre hace años, siete, que perdió a mi padre, y perdió sus brazos y sus piernas, pero tambien al hombre al que cuidaba, al que hacía cada día la comida con mimo. Nunca estaban de acuerdo, ni falta que hacía. Cuanto extraño esa imagen de los dos juntos en todas partes. Cuidaros parejas. Y si aún los tenéis algunos de vosotros, cuidarlos también porque nadie los sustuirá cuando se vayan.

jueves, 14 de febrero de 2008

Me deprimo

Me deprimo. El trabajo, el día a día, es como un mar embravecido con lagunas de calma. Pero las corrientes están debajo, bajo un superficie hermosa y excitante. Y es muy dificil bregar con este mar año tras año, cuando aquello de lo que oíste hablar, de la discriminación por razón de edad te alcanza como una ola que te alza en su cresta y te arroja bajo la curva, donde te revuelca y hunde hasta que en el regreso, te lleva con ella. Nunca puedes llegar a la orilla, ya no puedes. Ya no tienes edad. Y sufres un gota a gota que va minando tus ideas, tu iniciativa, tu ambición, tus ilusiones. Hoy he dicho por primera vez la frase en alto, esa frase temida que nunca he comprendido hasta ahora: para diez años que me quedan... Tengo 50, así que con suerte podría jubilarme a los 60, pero 10 años es mucho tiempo, y más ahora. No puedo permitirme renunciar a vivirlos o a vivirlos hundida en la miseria de la conformidad, de la rutina. No valgo para eso. No se vivir sin luchar. Pero luchar contra los elementos es muy dificil y yo tampoco tengo fuerzas para ello, ni respaldo, ni dinero para decir que nada me importa y que ahí os quedáis. No puedo. Estoy atrapada en mi medio de vida, en mi casita caliente, en mis fines de semana tranquilos. No puedo arriegar lo que tengo, ni perderlo. Pero el precio es alto. Vivir bajo la bota de los mindunguis unidos del mundo. Nueva especie en crecimiento.

jueves, 7 de febrero de 2008

Primavera

El tiempo de la primavera viene hacia nosotros como una esperanza cierta de mejora. El sol permitirá florecer los campos y las almas. Las piernas tomarán el aire y los ojos se achicarán mientras la sonrisa ocupa nuestra boca. Viene tiempo bueno, tiempo de luz y días largos. El calor empapará de brisa nuestras casas. Por las ventanas abiertas circulará el aire de las mañanas tíbias y en la noche los corros en la calle llenarán de murmullos nuestras camas. El tiempo que vendrá será mejor.
Para ti también. Te he visto dormir en el pequeño soportal de la tienda cerrada, pequeña como eres y vieja o tal vez solo arrugada porque tu piel no tiene protección, está siempre asomada al viento y a la lluvia, a este invierno desolador y largo que no te permite dejar de temblar. Te di cinco euros hace días y no te he dado más. Me da verguenza. Tu no pides. Pero estás ahí sentada esperando la noche entre cartones para dormir en las peores condiciones que una persona merezca. Y no te he visto comiendo ni bebiendo.
Ahora vendrá la primavera y podrás al menos estirarte y cambiar tu ropa vieja por otra más ligera. Y podrás dormir sobre el asfalto sin el frío que apaga tu mirada, que agarrota tus manos y tu vida entera. La primavera tal vez traiga nuevos tiempos. Tal vez las cosas cambien. Tal vez tu vida cambie. Ten esperanza al menos mujer. Aunque sea dificil cualquier cosa puede suceder... en primavera.

lunes, 4 de febrero de 2008

Telenovela

Hoy mi oficina parecía una telenovela mejicana. Todo eran susurros y corrillos porque nos hemos hecho un trabajo de encaje fino y entre unos y otros hemos descubierto que nuestro jefe y una de las empleadas tienen una aventura. Hoy estaban de viaje de fin de semana a Praga. Por lo visto es una de las ciudades preferidas del jefe para sus conquistas. El está separado y no hace mucho que rompió con su última novia. Ella estaba casada hasta nuestras últimas noticias. Ambos tienen un hijo, ella un niño de unos 8 años y el una joven de 16 años.
Estos líos en la empresa son perjudiciales para todos, pero sobre todo lo será para mi compañera cuando todo acabe. Ella será la que aguante la bajada de la montaña rusa, porque ahora todo es subida. Ha sido ascendida (a costa de otra compañera) y es tratada de modo especial. Es más, hay un corrillo de personas que actúan como tapadera. Pelotas.
Ella no parece querer ocultarlo. Contó que se iba a Praga con una amiga. El contó que se iba a ver a su hija a Canarias, pero salieron juntos hacia el aeropuerto, el con una guía de viaje de Praga que le prestó su segundo.
De modo que hoy ha sido un día de especulación. No es que el se aproveche de ella, que tiene ya cuarenta años, pero su modo de vida no ha sido nunca como el que es al lado de mi jefe, un hombre con una buena posición, culto, atractivo a su manera, snob. El tipo de vida que le va a enseñar no es uno que ella pueda mantener después. Pero la vida de cada uno es privada.
El problema es cuando afecta al resto de trabajadores, cuando hay dicriminación positiva por lío y se hacen distinciones sin argumentos. Pero al fin y al cabo el lunes se nos ha hecho mucho más corto.

lunes, 28 de enero de 2008

¿Odio mi trabajo?

Nunca he sido, desde mi primera juventud, de sentimientos tan fuertes como el odio. No odio a nadie, porque nadie merece ser odiado, hay que ser un poco objetivo y pensar que cada uno de nosotros está simplemente a un lado o a otro y que vemos las cosas de diferente modo. Pero el odio se extiende más allá de las personas, a los conceptos y ahí si quiero odiar: la muerte de los inocentes, el abuso del poderoso, el daño por el daño, la avaricia y la petulancia, la indiferencia... mi trabajo.
Es un conjunto de sentimientos, mi edad, 50 años, lo que según mis jefes no me permite una proyección a futuro (me baso en los hechos, no en las palabras), mi antigüedad en la empresa, 31 años, lo que hoy por hoy supone una visión destructiva desde la dirección: solo derechos y nada de deberes. Así nos ven.
Es cierto que mi ambición no es grande, y mi visión de las cosas ha cambiado. Esta empresa era parte de mi vida, ahora no. Ahora solo quiero que acabe la jornada. Antes, muchas veces, esperaba con ilusión los trabajos del día, ahora no. Ahora solo espero que pasen las horas.
Han puesto a una de las personas más imaginativas de la empresa, a mí, a controlar un sistema de gestión integrado basado en procedimientos, procesos, instrucciones: reglas y normas, uniformidad. Será estupendo para la empresa, pero yo no soy la persona idónea. Pero tengo un título bonito, y la mayoría de los días ni se fijan en mi. Y si se fijan, malo. En realidad, a pesar de tener un gran sueldo y un buen puesto, de tener cierta autonomía y ser, en general, bien tratada, me siento objeto de acoso laboral. No estoy en una esquina olvidada, pero se puede estar en el centro y aislada. Mi segundo al mando, el segundo en el organigrama, me dice con bastante frecuencia, y me lo trasmite de otras formas con más frecuencia aún, que no estoy en los equipos de creación ni decisión. Es decir, que me calle. Que haga lo que me digan y que olvide que tengo una mente despierta, excepto en mis procesos, procedimientos...
Así que en días como hoy, lunes, simplemente me muero de sueño y miro el reloj. Tengo mucho que hacer, pero la verdad es que no domino los temas, no sé muy bien como saldrá mis próximos trabajos y eso me preocupa. Soy responsable. Pero estoy en un ambiente que ya no conozco, los pactos van por encima del trabajo, los pactos de no-agresión entre los nuevos jefazos nombrados nos dejan a los demás en un término medio que casi nadie entiende. Tampoco interesa demasiado entenderlo. Es así y ya está. A callar y a trabajar. Pero yo pienso, pienso mucho y me encuentro aislada.
Me planteo irme de la empresa, aún sabiendo que es solo un sueño utópico. Y me planteo plantarme ante mi médico de cabecera y decirle que no soporto venir cada día hasta el trabajo, a aguantar los mismos chascarrillos, las mismas memeces que todos los días.Y me pregunto de nuevo ¿Odio mi trabajo? Encorsetado, normativizado, conceptual, aburrido, monótono... ¿U odio lo que le rodea, o le adorna? Ese personajillo que nos han metido con calzador para que el personal no se le suba a las barbas al manda más. Que por otra parte ha tenido nuestro apoyo y nuestro cariño -¿Qué difícil verdad?- En momentos cruciales. Aún hoy, creo que nos la jugaríamos por él. Pero está tan equivocado, tan desorientado. Pero el orgullo es fuerte y le tiene cegado por el lado que no le ciega su adlátere. En fin, esperaremos acontecimientos. Cuando menos te lo esperas la vida da un giro.

viernes, 25 de enero de 2008

AF

Hoy me toca, de nuevo, hablar de Alejandro. Le he visto en un programa de la televisión mejicana, guapo, aunque como siempre, envarado. Pero ha cantado un poco en directo y me maravillo. Tiene una voz preciosa que cada vez me gusta más. A veces es un poco engolado, pero aún así me gusta. Es poderoso cantando, le sobran recursos y los emplea. Incluso me he puesto a oír en el coche su penúltimo disco, el que menos me gusta de los últimos, Viento a Favor. Es un poco como hecho a medida, variado, estudiado, pero no se si técnicamente está bien grabado, porque se le nota mucho la pronunciación de las v casi como f. Creo que en algún punto del tratamiento técnico está forzado. Lo mismo pasa con su voz en el dueto con Beyoncé. Su voz suena un poco ronca, no parece él hasta que baja. Ella canta muy bien, de modo que no se porqué él está manipulado. Su último disco, 15 años de éxitos no me lo he comprado, ni siquiera pirata. Lo he bajado de Internet. Me siento un poco culpable, no solo por el, sino por todos los autores. Si me pongo en su lugar me parece un robo. No me cuestan nada, Papito, Dos pájaros a Tiro... No se si el canon digital sustituye estas pérdidas, pero no lo creo. Cuando ves a los top manta con todas las novedades discográficas te preguntas cuanto dinero dejarán de percibir por la venta de sus productos. Aunque claro, las discográficas no pierden, siguen ganando. Lo que ocurre es que si hay riesgo no quieren saber nada y no lanzan nuevos cantantes. Tiene que cambiar el mercado y las nuevas tecnologías lo conseguirán en breve. Yo mientras sigo con Alejandro en el oído. Su voz no tiene que ver con las tecnologías, sino con la garganta de un hombre con un don. Es como la fruta que crece en los árboles, frutos del paraíso para nuestro placer común.